martes, 7 de marzo de 2017

UN VERDADERO AMIGO QUE NO ME HABLA, LADRA.



UN VERDADERO AMIGO QUE NO ME HABLA, LADRA.
Cuando se encuentra a un verdadero amigo, se sabe que el destino unió sus caminos para siempre.

Eso me paso a mí. Cuando yo estaba en mis veintes estudiando en Monterrey, de pronto mi vida comenzó a perder sentido, las fiestas no me divertían, la vida no me generaba mucho interés en general, incluso comencé a dejar de hablar con la gente, me estaba aislando, me estaba  perdiendo en mi soledad, pero de pronto un domingo cualquiera tuve  un impulso, un impulso fuerte, lo poco de dinero  que tenía para sobrevivir en mi época de estudiante lo iba a usar para comprarme un perro. El presupuesto era bajísimo pero esperaba que me alcanzara, no pensé mucho en lo que iba a representar eso, solo tomé el auto y me fui a carretera nacional, comencé a manejar y en cuanto vi labradores me detuve a preguntar. Mi idea era conseguir un perrito por unos 300 pesos que se pareciera a los labradores o Golden retrievers que habíamos tenido con mis tías en Aguascalientes, pero cuando llegue a preguntar  resulta que costaban 400 y que los labradores que les quedaban eran negros, yo recuerdo  que pregunte por los machos, solo quedaban dos; metieron la mano a una caja y me pasaron a uno, era un gordito con carita tierna que me miraba todavía  con algo de temor pues no entendía que estaba pasando, yo lo tome en mis manos, le hice un par de cariños e intente negociar el precio, me dijeron que el precio ya estaba fijo, para mí en esa época cien pesos eran un par de días de comer, pero con mi nuevo amigo en la mano, no me quedo de otra más que sonreír y pensar que el dinero no vale nada, pague los 400 y me lo lleve en una cajita. Durante el camino se la paso llorando, yo cada que podía desviar la mirada de la carretera le hacía caricias y le  hablaba.  Yo tenía varios posibles nombres para cuando tuviera un perro, pero al ver  su color negro y sus ojitos, se me vino a la mente el nombre de Bob, por Bob Marley, le quedaba perfecto, no había que buscar más. Recuerdo que llegue a mi casa y hable con mis papás para platicarles que había un nuevo integrante la familia, me dijeron que como le iba a hacer que era una responsabilidad, pero a mí no me importaba.
Esa tarde con lo poco de dinero que me sobró fui y le compre sus croquetas pero era tan pequeño que no podía comer, yo le tenía que remojar croqueta por croqueta en agua o en leche y dárselas en la boca, recuerdo que la primer noche no durmió se la paso llorando y yo al lado de él acariciándolo.  Con el paso de los días se fue acostumbrando y a mí me fue volviendo poco a poco la alegría de vivir.
De pronto yo ya iba a mis clases y esperaba con ansia la hora de salida para regresar a la casa, para ver que travesuras había hecho el Bob, de pronto se convirtió en mi amigo inseparable, lo llevaba a todos lados, incluso lo llevaba a las fiestas con mis amigos, en cuanto pude le compre un collar y lo sacaba a pasear con un cinto de tela pues no tenía correa, y esa actividad de salir a pasear paso a convertirse en una rutina que nos daba mucha felicidad a los dos.  No teníamos mucho dinero, teníamos que comer lo más barato, pero a ninguno de los dos nos importaba, los dos éramos felices con lo que teníamos, los dos éramos felices con nuestra simple presencia.
El Bob desde pequeño se hizo nómada pues me acompañaba en mis viajes cada que iba a Aguascalientes en el auto, casi siempre iba más gente en el auto, pero nos llegó a tocar viajar solos a los dos.  El Bob se acostumbró a viajar, se portaba bien. Nos tocó vivir en varios departamentos, lo tuve que llevar de inquilino a casa de mi primo por un tiempo, luego en casas con patio de cemento, en otras con pasto, en las vacaciones lo dejaba en las casa de mis tía, donde varias veces se peleó con los perros de mis tías, otras cuantas destrozo cosas, hubo un día que en un par de horas de soledad convirtió una pila de periódicos en confeti puro.
Como lo decía,  siempre nos gustó salir a caminar juntos y por ende tenemos muchas anécdotas, varias veces que me hizo quedar mal, varias veces que salió disparado a corretear gatos, gente a la que le ladró y asusto, gente a la que uso sus puertas como baño y que no les gusto. Al final el Bob se instaló en casa de mis papás, al igual que yo, primero en la casa de Jardines donde no había jardín pero el Bob hizo de la cochera su espacio para el día, y el terreno donde guardábamos los coches su espacio de noche, yo lo trataba de sacar todos los días, caminábamos hasta el parque héroes, pasando siempre por el teatro Aguascalientes. De repente lo llevaba a subir el cerro del Picacho, y cuando salíamos de vacaciones se los encargaba a mis tías, quienes siempre me lo cuidaban y a Florecita quien siempre  fue mi veterinaria de confianza.
Al final ya cuando Bob se empezó a hacer viejo le tocó irse a la nueva casa de mis papás done el Bob era el rey y señor de un enorme patio, el cual cuidaba tanto como la casa, y cualquier ruido era detectado y avisado a través de sus ladridos. Allá yo lo seguía sacando seguido, pero allá el paseo era bordeando el río  San Pedro, cuando llovía y el río llevaba un poco de agua al Bob le encantaba meterse.
De Bob me despedí un par de veces cuando me fui a Irlanda y siempre que volvía se emocionaba,  una vez se puso a correr en círculos como loco, y cuando termino se acercó a mí para que lo acariciaría. Bob siempre le gusto llamar la atención con chillidos molestos y con ladridos  aun peor de molestos, pero a mí nunca me molestaron, al contrario creo que los dos aprendimos a entendernos sin tener la necesidad de decirnos nada, él y yo sabíamos cuando  uno de los dos estaba triste, feliz, molesto, enojado. En mi casa todos querían al Bob, mis hermanos lo sacaban a pasear cada que podían y jugaban con él, mi mamá siempre lo consintió, lo cepillaba y lo consentía con comida, y a mi papá le gustaba sentir la compañía del Bob, le gustaba sentarse en su escritorio y dejar que el Bob se echara allí con él.
También  al final le toco compartir con más perros su espacio, primero con Chispita quien sufrió un accidente y falleció, posteriormente con la Tusita y finalmente con Rita la loca, pero con ellas siempre fue tranquilo,  no les daba mucha importancia y mientras a él no lo molestaran, el no molestaba a nadie.
Ahora que salí a viajar el Bob se quedó allá, ya con mucha  edad comenzando a batallar con sus patas traseras, pero todavía con mucha actitud y alegría, ahora cuando después de un año y nueve meses mi mamá me aviso que él estaba enfermito, que un día no se pudo levantar y se desesperaba bastante para poder salir a hacer del baño, me asusté mucho, mi mejor amigo, mi fiel compañero esta viejito y parecía estar enfermo, afortunadamente lo llevaron al veterinario, le detectaron problemas en la columna, pero le dieron medicamente y afortunadamente le hizo mucho bien, y ahora anda allí todo chuequieto pero todavía con mucha actitud y ganas de seguir siendo el perro guardián de la casa.
Las medicinas el ayudaron pero solo por un tiempo muy breve, pero así fue mejor, pues no sufrió mucho, me duele no haber podido despedirme de él cara a cara, pero yo se que el sabe  lo que significaba para mi. Sus últimos momentos el los paso siendo cuidado y rodeado de cariño gracias a mi familia, a mis papás que son un par de amores, a mis hermanos que estoy seguro siempre le brindaron el cariño que se merecía, a mi Florecita que siempre se mantenía al tanto de la salud del Bob, y a toda la familia  que estoy seguro que siempre le brindaban un toque de cariño.
Nunca voy a olvidar lo que el Bob me hizo sentir desde los primeros días y hasta los últimos,  nunca voy a dejar de tener esa conexión que tenía con él, nunca voy a dejar de tener ganas de verlo y de jugar con él.
(Mi Bob si puedes tú con Dios hablar, pregúntale si yo alguna vez te he dejado de adorar).

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